Patricio A. Brodsky – “Marx a 200 Años”

Una conocida frase de Marx afirma que “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”[1], ¿esto quiere decir que no hubo transformación del mundo antes de Marx?, decididamente la respuesta es no.

Indudablemente, si uno historiza los modos de producción, ve que, eventualmente ha habido transformaciones del mundo a todo lo largo de la historia humana, pero ¿qué es lo que quiso expresar Marx en aquella frase entonces?, para ensayar una explicación recurriremos al propio pensador.

Dijo el autor: “Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente”[2].

Podemos deducir que la acción de los filósofos contemporáneos al propio Marx eran filósofos que reproducían las ideas dominantes, ergo, la intervención intelectual de dichos pensadores no era crítica sino que se inscribía en los esquemas de reproducción de “lo dado”.

Si algo caracterizó al pensamiento de Marx es esta inescendibilidad entre teoría y práctica, no sólo fue un filósofo sino, y fundamentalmente un “Intelectual Orgánico” en el sentido gramsciano, un militante revolucionario cuya acción crítica pone en crisis lo que aparece como “lo dado”, como fijo, inmutable, inamovible, como “el orden ‘natural’ de las cosas”

La historia contra fáctica es un ejercicio inútil pero uno debería preguntarse cuál hubiera sido el devenir de la sociedad humana en los siglos XIX, XX y XXI si Karl Marx no hubiese existido. Es muy difícil de responder eso, sólo basta pensar que la URSS (que como todos sabemos fue una construcción política inspirada en su pensamiento y acción revolucionaria) y el movimiento de partisanos comunistas en los países ocupados fueron quienes derrotaron al fascismo y al nazismo, para darnos cuenta que su influencia se prologó allende su tiempo biológico de existencia y que no solo se limitó al campo del pensamiento sino que tuvo (tiene aún hoy) incidencia concreta en la construcción política y social.

Existen algunos autores que llaman ‘anacronismo histórico’ al marxismo y afirman que el comunismo fracasó; introduciré algunos elementos en respuesta:

1) La teoría marxista, la cual no sólo es una teoría de análisis de la realidad sino que, además, se propone como una praxis de transformación de la propia realidad y para ello propone su propia herramienta: el Partido de clase.

2) El eje central del capitalismo según el análisis de la teoría marxista es el proceso de trabajo y valorización en el cual se produce la plusvalía, la que será apropiada por el capitalista (Teoría Objetiva del o Teoría del Valor-Trabajo)

3) La sociedad en la que vivimos sigue siendo una sociedad capitalista (una sociedad basada en la apropiación de la plusvalía por parte de los capitalistas quienes cuentan con la ventaja relativa de tener la propiedad de los medios de producción), si alguien cree que esto no es así debería demostrarlo.

4) En tanto la sociedad siga siendo una sociedad capitalista, (ergo una sociedad basada en la división de clases y la explotación del hombre por el hombre), la teoría marxista-leninista de la revolución sigue teniendo vigencia. Lo que está por verse, de acuerdo a cada formación económico-social o bloque histórico (correlaciones de fuerza, tradición de lucha, etc.) es la forma particular que asumirá ese proceso.

5) Los procesos revolucionarios no son irreversibles, su perduración en el tiempo depende de muchos factores (tanto objetivos como subjetivos), la revolución es un proceso permanente de transformación y, (por el carácter global del capitalismo), también debe pensarse (y acompañarse de procesos) a nivel local, regional y global.

6) La principal construcción colectiva y experiencia política basada en los principios del marxismo-leninismo fue la URSS, experiencia que duró escasos 74 años, lo que en tiempos biológicos puede ser mucho pero en tiempos históricos no lo es tanto; basta pensar que el capitalismo surge bajo su forma mercantil, aproximadamente, en el siglo XV y tarda tres siglos en consolidarse y desarrollar su forma industrial en el siglo XVIII; si a esto le sumamos que la pujante burguesía se hace con el poder de las sociedades europeas, luego de varios intentos revolucionarios fallidos, recién a partir de la segunda mitad del siglo XIX, tenemos que la burguesía tardó cuatro siglos en consolidar su dominación política y que las teorías de Marx, Lenin y actualmente García Linera y Borón nos muestran que los procesos revolucionarios no se dan de una vez y para siempre, sino por oleadas, donde hay avances y reflujos. Ningún triunfo es eterno, pero no hay ninguna derrota que no pueda ser revertida.

7) Un elemento importante del cual habla Atilio Borón: La experiencia de la URSS no fracasó, fue derrotada, que no es lo mismo; de hecho, parte de los intentos de descalificación del marxismo se asientan en la falacia del supuesto fracaso. Pero dicha frustración no fue tal porque algo fracasa cuando razones intrínsecas lo tornan inviable, anacrónico o falaz; algo que naufraga, puede volver a intentarse pero si tal final depende de condiciones esenciales que hacen a la cosa, la ruina volverá a repetirse; por el contrario, la derrota es una situación impuesta que depende y se inscribe, casi exclusivamente, en las correlaciones de fuerza (o en errores tácticos) por lo que, al modificarse estas, la situación puede ser revertida y esa derrota podría ser transformada en victoria.

8) Indudablemente la URSS no fue un fracaso sino, parafraseando al propio Lenin respecto a la revolución de 1905, fue un ‘ensayo general revolucionario’; el miedo de las clases dominantes al ejemplo de la Revolución de Octubre moldeó el perfil del capitalismo del siglo XX, múltiples fueron las herramientas desarrolladas por las burguesías como ‘anticuerpos’ ante el ‘peligro’ del ejemplo revolucionario, particularmente en el contexto de la crisis de 1930: el New Deal y el Estado de Bienestar, el Fascismo y hasta el Populismo latinoamericano, fueron diferentes respuestas burguesas para mejorar las condiciones de vida de las clases populares y evitar la propagación de los movimientos revolucionarios.

9) El ejemplo concreto de lo que afirmamos en el punto anterior es que desde que la URSS entró en crisis y se derrumbó, las clases dominantes han perdido el miedo al ‘peligro rojo’ y han comenzado un proceso (el neoliberalismo) para revertir las conquistas obreras y populares y para reinstalar las condiciones de explotación y extracción de plusvalía a los niveles pre-revolucionarios e incluso, decimonónicos. Proceso que en los últimos 25 años (desde el fin de la URSS hasta el 2016) por decisiones conscientes de los estados, le produjo al mundo (sin contar los muertos en guerras o genocidios) 550 millones de muertos por 4 causas evitables (hambre, enfermedades de transmisión por parásitos, enfermedades y accidentes laborales, enfermedades derivadas de la contaminación ambiental) que dependen casi exclusivamente de las decisiones de desinversión de los estados capitalistas.

10) El comunismo sigue siendo la realidad de millones de seres humanos allí donde hoy sigue siendo estado: China, Cuba, Vietnam, y sigue siendo una utopía, un horizonte hacia el cual caminar como afirmó Galeano, para cientos de millones de militantes y simpatizantes de los partidos comunistas (no es casual que en cada país del mundo haya, por lo menos, un Partido Comunista) y que, además, como en algún momento afirmara Eric Hobsbawm: “El Partido más grande del mundo es el de los excomunistas”.

11) Cómo debemos llamar a quienes critican a los marxistas llamándolos ‘anacrónicos’ por defender a una teoría desarrollada por un intelectual orgánico al cual el próximo 5 de mayo  se estaría conmemorando su primer bicentenario, y que para hacer sus críticas se asientan (ergo defienden) el orden existente, el capitalismo, cuyo origen se remonta a 600 años atrás y que está condenado a su extinción histórica; no sólo porque es incapaz de dar respuestas a todos, sino porque se ha vuelto una traba al desarrollo de las fuerzas productivas (particularmente a la fuerza de trabajo), a la vez que se ha transformado en un régimen de acumulación particularmente injusto en el cual las 8 personas más ricas del planeta (todos ellos hombres) poseen la misma riqueza acumulada que los 3.500 millones más pobres y también, sólo el 1% de la población mundial (unos 70 millones de personas) tienen la mitad de la riqueza mundial mientras el 99% (unos 7.000 millones de personas) posee el 50% restante.

Más temprano o más tarde, el devenir de la historia pondrá las cosas en su lugar; el desarrollo de una sociedad comunista y la liquidación del capitalismo sigue siendo una necesidad histórica cada vez más urgente.

Seguimos creyendo en la justeza de la sentencia lanzada por Marx y Engels en El Manifiesto Comunista, es nuestra convicción que las clases populares, encabezadas por el proletariado productor de plusvalor, siguen siendo, potencialmente, los sepultureros del capitalismo, siguen siendo quienes no tienen nada que perder, excepto sus cadenas. ¡Trabajadores del Mundo, Uníos!

 

Patricio Brodsky es sociólogo, reside en Buenos Aires.

Doctorando en Ciencias Sociales UNGS-IDES, Profesor Adjunto en la materia GENOCIDIO Y MEMORIA, Facultad de Derecho-UBA, Profesor a cargo de la Cátedra Libre SOCIOLOGÍA MARXISTA: TEORÍA SOCIAL Y POLÍTICA EN EL PENSAMIENTO MARXISTA, Facultad de Ciencias Sociales-UBA. Autor del libro Genocidio: Un Crimen Moderno (2015), Buenos Aires, Editorial TIPS.

 

Notas bibliográficas:

[1] Marx, K., Las Tesis Sobre Feuerbach, en Karl Marx y Friedrich Engels, Obras Escogidas, Tomo 1, Moscú, Instituto de Marxismo-Leninismo adjunto al Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, 1973.

[2]Marx, K. y Engels, F., La Ideología Alemana, Ediciones Pueblos Unidos, Buenos Aires, 1975.