André Rodrigues y Andrés del Río – Pandemia eterna: Brasil en tiempos oscuros

Conforme siguen los días con el nuevo coronavirus, sin señales de enfriar su proliferación en Brasil y en otros países del sur global, resurgiendo en otras olas en los países del norte, y con su danza letal en tierras estadunidenses, van emergiendo modulaciones discursivas normalizadoras. Estos discursos se mueven, por acomodación o presión, del registro de la emergencia sanitaria al de la adaptación, de la conformación.

Parece distante el tiempo cuando la fórmula discursiva era la siguiente: solo aquellos que realizan actividades esenciales deben salir de casa. Posición que nunca fue adoptada, como se sabe, por el jefe del Poder Ejecutivo brasileño. Prefirió, por la simple imitación de su par estadounidense o por la asimilación más auténtica a una postura genocida y eugenista, asumir el negacionismo. El Capitán Corona, tal como fue nominado por la prensa extranjera, despuntó como el peor presidente en el combate contra el covid-19, logrando sobresalir en un contexto de muerte y desolación mundial1/2. La experiencia del cansancio es la definición misma de quien combate esta postura política, apoyada por un inamovible treinta por ciento de apoyo popular3. La negación de lo real, la falta de empatía, el rechazo a la solidaridad, el deseo de muerte, defendidos de forma contundente por quien gobierna el país, agotan a quien se opone a la locura.

Bolsonaro y su gobierno militar movilizaron una política basada en el ejercicio del poder necro político4. Su postura política concretó el deseo de muerte5 por el poder de dejar morir. Toda vez que decía: “¿Y qué? Lo siento. ¿Qué quieres que yo haga? «6, No soy un enterrador, ¿de acuerdo?»7, “Sigamos adelante con la vida”8, cada vez que se manifestó o fue cuestionado sobre el avance de la pandemia en Brasil, Bolsonaro no solo ejerció ostentosas demostraciones de su inhumanidad, sino que respaldó el deseo de muerte como pulsión política que posee amplia difusión en Brasil.

Después de todo, casi 60 millones de personas, independientemente de razones pragmáticas que puedan estar vinculadas, por ejemplo, el rechazo al PT, lo eligieron a pesar de (o debido a) su postura abiertamente necrófila. Todo en su postura política gira en torno al poder de matar, ya sea en el fetiche en relación a los instrumentos letales, o en la defensa de que la muerte, según su ideología miliciana9,  es el único instrumento de establecimiento del orden.

Bolsonaro y los verde oliva hacen de la ignorancia y los deseos de muerte sinónimos del “macho”, el hombre que afronta sea lo que sea. Reduce una experiencia traumática colectiva a un sujeto masculino prepotente, de racionalidad militar jerárquica. Pero es la fragilidad masculina la que lo adopta, lo refuerza. La constante presencia militar y su retórica corta, dura, vertical y seca, de monótona seriedad, potencia los símbolos de qué tipo de macho man lucha contra el micro virus, sin máscara ni nada de eso ahí. En un retroceso de los sentidos, todo se reduce a un lenguaje de un conservadurismo prepotente, excluyente, a un trabajo de fuerza, que prescinde de la razón y de la humanidad. La realidad construida es binaria, brutalmente binaria y desigual. Nosotros o ellos.

La muerte como plataforma puede parecer una locura para aquellos que se ponen del lado de los vivos. Pero es mucho más que un delirio. Es un operador de producción de realidad. Lo que consideramos inaceptable, condenable e inconcebible, se convierte en la sustancia misma de lo real, que es experimentado como completamente absurdo para los de este lado. Y esta realidad, por más que la deseemos ajena, nos recubre. Nosotros que sentimos y respetamos la vida, vivimos, entonces, una especie de exilio. Una experiencia radical de soledad. Muchos, por lo tanto, por agotamiento, por necesidad, por soledad, en silencio, están cediendo. Poco a poco, la fórmula de la flexibilización fue tomando forma. Las mascarillas fueron sacadas de la condición de accesorio protector, utilizado en caso de necesidad, para un objeto fetiche, una llave para abrir la puerta de la casa. Una especie de alfombra mágica pandémica.

Aquellos que no pudieron protegerse de la enfermedad en casa para poner comida en la mesa, se topaban con flâneurs hedonistas. Estos vagantes no son como el hombre de la multitud del cuento de Poe10 que, saliendo de la convalecencia y, de tanto mirar por la ventana, camina extrañando la multitud y ve en la masa su propia soledad. Por el contrario, exhiben el orgullo de la distinción, el triunfo de su propia visión del mundo inalterada, la gloria de la individualidad pura sobre el drama colectivo.

Como el profesor Ricardo Benzaquén de Araújo llamaba la atención sobre las lecturas que hacía de este cuento en sus cursos, todos aquellos que salen de un ciclo de padecimiento pasan por un cambio en su percepción de las cosas, como una radio que no sintoniza perfectamente la frecuencia de la emisora. El ballet de los que rompieron el aislamiento social por motivo fútil es, por el contrario, la pura afirmación de superioridad sobre el otro, aquel que no tendrá una buena asistencia médica, que esperará en agonía por la cama de terapia intensiva, que será atendido por médicos y enfermeras exhaustos y precarizados. Ya sea por gesto deliberado e intencional, o manifestación inconsciente, de esto se trata: la certeza de la superioridad y la negación de la vulnerabilidad, este coeficiente de igualación.

La distinción como operador de la producción de jerarquías sociales, tal como fue estudiada por Bourdieu11, se moviliza como manifestación del deseo de eliminación del otro. El ejercicio de la «libertad» contra la solidaridad es expresión de la voluntad de poder contribuir para la ampliación del riesgo de muerte del otro. Marcuse12 ya había analizado que la noción de “libertad” puede utilizarse como uno de los motores fundamentales de las formas de dominación, la combinación del control sobre el consumo y la servidumbre voluntaria.

La consolidación del capitalismo, según él, define un marco en el cual los que están en condiciones más favorables no pueden pensar en la superación de la opresión porque ya se consideran libres y los más oprimidos están demasiado desprovistos de medios para luchar. Los horizontes del ultraliberalismo, si consideramos la discusión de Marcuse, apuntan a las formas más extremas de opresión. Se trata de un tipo de dominación en el que el poder de matar se conjuga con un deseo de muerte, ampliamente difundido socialmente, y de un mundo de individuos en el mercado, en el cual la distinción y la competición operan movidas por el deseo de eliminación del otro.

Bolsonaro utilizó la pandemia como plataforma para evocar, a través del vínculo narcisista con su base política, el deseo de muerte como operador para la eliminación de la alteridad. Él franqueó a cada uno el poder de expresar su deseo de eliminación del otro, como lo hace, cuando demuestra que quiere universalizar el poder de matar, al afirmar que quiere armar a la población13. Por ello, muchos se ven sorprendidos entre un trago y otro, entre una broma y otra, humillando a los fiscales de salud pública o guardias municipales que llaman la atención sobre la observación de medidas de prevención del contagio. Los insensibles bebedores de cerveza de Leblon y del muro de la Urca son la expresión misma del desmantelamiento de la sociedad denunciado por Wendy Brown14, como el núcleo de las ideologías y de las políticas neoliberales. Una celebración necrofílica-hayekiana.

Sin darse cuenta, en un tiempo que ha perdido sus formas, la sociedad va moldeando un sentimiento antidemocrático, unificando la prepotencia de jerarquías y distinciones. En el proceso, las estructuras de valores colectivos, de diversidad, del otro como humano se evaporan. La fuerza del cansancio va haciendo que las resistencias, la defensa de la vida se queden dormidas. Todo es triturado por el presente, por la necesidad, por la indiferencia. El remo cae al mar de la prepotencia y no vislumbra otra salida más que seguir nadando, sin tener un horizonte certero. La democracia está siendo asfixiada por la potencia de un neoliberalismo voraz, fomentando la canibalización de las relaciones, mientras enterramos en el silencio y avergonzamos los restos de civilidad y sensatez.

Sin que hubiera parámetros epidemiológicos suficientes para la orientación de las políticas, en el caso brasileño, fueron adoptadas medidas para reabrir centros comerciales, gimnasios, estudios de pilates, restaurantes, entre otras actividades. En ese proceso hay un silenciamiento de los datos oficiales, un maquillaje sutil, que sin darnos cuenta se desvanece de la mesa, aumentando el desentendimiento. Ha prevalecido el deseo de un régimen de individuos, de puro mercado, sin sociedad. Es el mercado y la pandemia, de la mano, en el ventarrón, en el medio de la calle. Una sinergia exclusiva e individualizada.

Si queremos pensar en horizontes cualesquiera, más allá de la pandemia, la solidaridad social que, como sostiene Franco “Bifo” Berardi15, es imprescindible, va siendo asesinada de arriba a abajo, física y simbólicamente. Así, se nota un sentimiento ampliado de cada uno por sí mismo, profundizando la hipocresía social. Para algunos, es facultativo, para otros, deber y obligación, sin elección. La pandemia ofreció, por un lado, la oportunidad de dejar morir a los matables y, por otro, precarizó y controló a los que quedaban como mano de obra dócil y disponible. Muchos de los que creen estar por encima de estos estándares, los que repiten: “¡Ciudadano, no! Ingeniero civil, Formado, ¡Mejor que tú! ”16, serán empujados hacia un lado o hacia al otro de este juego pandémico-neoliberal.

Los ecos de los dichos y actitudes de arriba a abajo resuenan por todas partes, privilegiando la fertilidad en la sociedad, es decir, para que crezca y se reproduzca. En la enorme diversidad que es Brasil, sectores que absorben la gramática del gobierno federal adquieren una visibilidad particular, llenando el pecho de brutalidad, impunidad e ignorancia. La verdad no importa, la realidad se construye y los símbolos que nos afectan y nos tocan tienen un perfil individualista y, necesariamente,  se estructuran en contraposición al otro. Y esta identidad es delimitada, orientada y consolidada en diferentes plataformas y redes sociales, basadas en fake news y posverdades, con el objetivo de distorsionar la realidad. Hoy en día somos extensivamente tolerantes con la mentira, multiplicando el sentimiento de desconfianza generalizado. Y el estado de alerta delante de las mentiras, como forma de diálogo cotidiano, nos agota, nos corroe y, poco a poco, nos quita la resistencia. Como subraya Kakutani: la indignación da lugar al cansancio de la indignación, que da lugar a una especie de cinismo y fatiga, que empodera a quien difunde mentiras17. No pensamos ni sentimos. Como indicó Hannah Arendt, “el súbdito ideal del gobierno totalitario no es un nazi convicto o un comunista convicto, sino aquel para quien ya no hay diferencia entre hecho y ficción”18. En la película Matrix, Neo sale de la matrix y logra ver la realidad tal como ella es. Cyfer, el personaje que traiciona la resistencia, decide volver al mundo de la ilusión y, negociando con el agente Smith, declara: «la ignorancia es una bendición”19.

El juego de la esclavitud por la absoluta precarización del trabajo se desempeña desde la perspectiva de la eterna pandemia. Esta perspectiva engendra un discurso que tiene, entre otras, las siguientes fórmulas: “no hay horizontes más allá de la pandemia”, “tenemos que adaptarnos a esta nueva realidad”, “no volveremos a la misma realidad anterior” y la famosa fórmula de la “Nueva normalidad”. La eterna pandemia supondría un salto cualitativo en la consolidación del neoliberalismo como herramienta para normalización del deseo de muerte, la alianza entre los que se consideran superiores a la eliminación de aquellos que consideran matables20. Es por eso que los regímenes que se adhirieron radicalmente al neoliberalismo, como la dictadura de Pinochet en Chile, tienen en sus cartillas las políticas para combatir la miseria extrema. Necesitan dejar lo menos explícito posible que sus plataformas político-económicas se basan en la defensa de que es aceptable que algunos mueran (de hambre o asfixia), abandonados a su suerte, mientras que otros acumulan condiciones que serían suficientes para que muchas generaciones sobrevivan. La prosperidad, en esta perspectiva, no tiene proximidad alguna con la noción de una buena vida, pero se traduce en ocultar el deseo de poseer para impedir que el otro sobreviva. Marcuse21 nos advirtió, por tanto, sobre los mecanismos que hacen converger el consumo con el ascetismo como herramienta de dominación y explotación.

La pandemia eterna es, por tanto, la realización del paraíso de Hayek, de la completa disolución de la sociedad. Es la elevación al máximo grado de un régimen en el que se destruye al Estado, dejando al individuo solo con los valores tradicionales y el mercado como referencia22. Las herramientas de comunicación digital son el instrumento fundamental de la eterna pandemia. Existen, por tanto, unas condiciones inéditas para la consolidación de la “uberización” del trabajo, tal como la define Ricardo Antunes23.

La eterna pandemia prohíbe las posibilidades de defender agendas de negación de la precarización de las relaciones sociales y laborales. En lugar de establecer medidas de control de la pandemia, con el fin de acortar los períodos de necesidad de aislamiento social, lo que estamos viendo es un estímulo para que el contexto pandémico perdure el mayor tiempo posible. No se trata de economía versus vida, sino de un proyecto de disolución de la sociedad. Una forma de silenciar, de generar dependencia, de crear muros, de control. En lugar de un aislamiento social controlado, planificado y temporario, donde la economía se reactiva respetando la vida y la sociedad, vemos el juego neoliberal abierto e impune. En el caso brasileño, por ejemplo, se empuja la curva de contagio hacia arriba para que la dilatación del tiempo de emergencia sanitaria permita que el máximo de actividades laborales sean empujadas a los estándares precarios. El dinero público se derrama de manera masiva en las instituciones financieras, mientras que los pequeños empresarios y los trabajadores se ven empujados al desempleo. Los que no murieren serán asimilados por formas de trabajo ultra precario. Los que mantuvieren sus puestos de trabajo serán presionados para realizar sus actividades en plataformas digitales, trabajando desde casa o en home office, ya que los extranjerismos son una marca de las retóricas que doran la píldora de la destrucción de los derechos laborales en los países periféricos.

Poco a poco, en este escenario de la eterna pandemia, se van materializando estructuras para su perpetuación. Las iniciativas nocivas e ilegales eliminan los rastros de culturas ancestrales. La deforestación también significa un ataque a nuestra cultura, con la minería informal (garimpo) destruyendo los espacios sociales. Los derechos humanos corrompidos se convierten en una pieza de museo, un documento de lo que ya no somos y, quizás, nunca hemos sido. En esta construcción de continuidad, los militares garantizan el orden de un neoliberalismo autoritario y desigual, con horizontes centrados en la conflictividad social permanente. Quizás, un ejemplo contundente de locura sea el proyecto de reforma tributaria enviado por el gobierno brasileño al Congreso Nacional, multiplicando la precarización  y la ruptura social, en plena pandemia24. Recuerden, poco más de la mitad del presupuesto para combatir la pandemia se ha utilizado de manera negligente. Pero, por supuesto, las señales no son para garantizar la vida, sino para un lucro rabioso y concentrado.

Los profetas de la pandemia eterna no duermen. El presidente del Santander de Brasil, Sergio Rial, sugirió que, al economizar trabajando en casa, los funcionarios del banco podrían rendir beneficios y “dividir” estas ganancias con la empresa25. La saña por acumulación, como lo muestra Marcuse26, guarda estrechas relaciones con la pulsión de muerte, expresada alegóricamente en el juego del mercado. La eterna pandemia sería un terreno en el cual el juego de eliminación, teniendo las ventajas garantizadas, en términos de acceso a los cuidados de la salud por parte de las clases dominantes, exime de justificaciones políticas la visión neoliberal de mundo y genera oportunidades de normalización y naturalización de las desigualdades, opresiones y muertes causadas por ella. Bolsonaro insiste en la retórica de que no tiene control sobre la pandemia porque nadie puede controlar la muerte. Tal retórica no es más que estratagema para ocultar su intenso ejercicio de poder de decisión sobre quién vive y quién muere. Todo está bien abierto.

La política de eliminación del reino del neoliberalismo está comprometida no solo con la muerte consumada, sino también con la producción sistemática de la muerte cercana. El trabajo a domicilio, además de ampliar los costos para el trabajador, ya que estará a su cargo la infraestructura de trabajo, alimentación, etc., también abre una vía para ampliar las jornadas laborales, sin contar el agotamiento y la aniquilación generalizada de la salud mental. Son frecuentes en las noticias asuntos sobre cómo la «creatividad» ha producido «soluciones» para el trabajo en la pandemia. He ahí el romanticismo de las migajas de una sociedad en proceso de ahogamiento. Todas estas “innovaciones” pasan por la debilitación de las relaciones laborales y por el reemplazo de la sociedad por relaciones ultra individuales, mediadas por plataformas tecnológicas.

Brasil abraza una transición tecnológica masiva al mismo tiempo que reactiva los valores medievales. Covid-19 no define solo una pandemia, sino el escenario ideal y oportuno para la transformación a un mercado tecnológico masivo ultraliberal. Por un lado, el negacionismo libera las calles para que todo tenga una apariencia de normalidad y continuidad, siendo elegidos por sorteo, diariamente, cuales trabajadores morirán; por otro lado, aquellos que lograron quedarse en casa, los acuarentenados, se adaptan como pueden a un mundo digital, sin estructuras ni apoyos. Las élites, libres de ataduras y límites, exhiben su jerarquía. La transición digital masiva forzada en una pandemia aumenta las desigualdades, carcome las bases del colectivo, y no da respiro para reflexionar y pensar en una reacción. Tampoco existe el tiempo. Ahora cada uno tiene su propio tiempo, su propio horario. No estamos en sintonía como colectividad. Como indica Morozov, en este proceso, el capitalismo digital tiene como subproducto las masivas fake news y otras formas de manipulación social, que profundizan los dilemas de la transición27. Sin tiempo para reflexionar sobre los fundamentos del capitalismo digital, y menos aún para combatirlos, al final, estamos siendo excluidos de la construcción de las bases de las democracias corroídas por la tecnología, con un horizonte más jerarquizado y concentrado.

El uso de plataformas digitales posibilita el despido de una gran parte de los trabajadores. Despidos impersonales, sin posibilidades de diálogo. La masa de repartidores de aplicaciones es la expresión más acabada de los horizontes neoliberales para el trabajo bajo la pandemia eterna. Son los nuevos proletarios de nuestro tiempo virtual. Y con ellos en el frente, nos están mostrando cual es el futuro y el destino de todos los trabajadores. En el campo de la educación, las presiones son enormes por la desaparición de los estudiantes y de la categoría docente28. Las instituciones privadas de enseñanza promueven despidos masivos29 masivos y ofrecen cursos a distancia a muy bajo costo con profesionales que trabajan en régimen educativo a distancia, en circunstancias extremadamente precarias. El profesor es reemplazado por el tutor, mediador, facilitador. El alumno da lugar al cliente. La educación se reduce al consumo. Es fácil encontrar anuncios de cursos de graduación a distancia por cien o incluso cincuenta reales mensuales. En la educación preescolar, habrá una sobrecarga de la red pública, que ya es insuficiente, teniendo en cuenta que las guarderías privadas de barrio tienden a romper con la crisis, abandonada a su suerte, como los pequeños y microempresarios. Hablamos de un momento icónico en el desarrollo humano, y de un espacio en el cual su ausencia multiplica las diferencias de género y anula las posibilidades de la lucha por la igualdad de derechos y oportunidades. En educación básica, los padres inquietos sueñan con volver a las clases presenciales, después de meses experimentando el amargo sabor de la educación a distancia que se les ha ofrecido a sus hijos. En general, se presenta con resultados decepcionantes, sin estructura y, como siempre, en las espaldas de los educadores, que dejan la vida por su trabajo, poco reconocidos, incluso en la pandemia.

En las universidades públicas, poco a poco, la difusión de una presión por la educación a distancia comienza a suplantar el compromiso por la excelencia de enseñanza. Como si la universidad se limitara a la transición de conocimiento estático con estudiantes mirando clases y otros videos simultáneamente. La enseñanza remota tiende a echar por tierra los esfuerzos para expansión, internalización y ampliación del acceso a las universidades públicas brasileñas, teniendo en cuenta que puede servir como globo de ensayo para que gran parte de esta política sea asimilada por las plataformas de educación a distancia. Los campus del interior, cuyo núcleo político y pedagógico consiste en la territorialización, podrán sufrir la presión de la sustitución por alcance digital. Un laboratorio a cielo abierto. Y su consecuencia será la pérdida de los sentidos de la inclusión de la universidad pública. Recuerden que menos del 25% de la educación superior es actualmente pública en Brasil. Todo indica que, al final de la experiencia pandémica, este porcentaje se reducirá aún más, cambiando el perfil de los estudiantes, en ambientes más elitistas.

Los que buscan resistir el avance de la educación a distancia son acusados ​​de tecnofóbicos, anticuados, alucinados, miopes y retrógrados. El carácter desigual y elitista de las propuestas de educación a distancia es denunciado por el hecho de que los decretos que la rigen y autorizan no alcanzan plenamente los cursos de medicina. El privilegio de esperar está reservado para ellos30. Los más ricos esperarán a salvo y, cuando todo termine, volverán a los centros de excelencia y accederán a una educación superior presencial de calidad. A los más pobres restan los horizontes de la eterna pandemia, cuyo operador central es la desigualdad.

En este proceso, el neoliberalismo siempre ha detestado la solidaridad, tiene asco de una sociedad en la calle, consciente de sus derechos, que dificulta las necesidades individuales superfluas. La pandemia castró las calles como un espacio constante de lucha. El miedo manipula a la sociedad, enfriando los ánimos de manifestación, impulsos fundamentales de lucha. Y el líder genocida adiestra los miedos, señalando a todos soluciones perversas regadas con cloroquina.

La pandemia eterna es la apoteosis del sometimiento total de la sociedad al mercado. Para algunos, el mundo encaja como un espectro, una vida fantasmal, un abismo de relación permanente con la muerte, el abandono a un juego en el cual los más pobres producen con sus cuerpos la inmunidad del rebaño que protege a los más ricos. Para otros, el privilegio de la superioridad está reservado, la demostración ostensible de que no comparten la misma vulnerabilidad y precariedad que los demás, la cerveza de barril con cuello estilo hayekiano. Para muchos, resta la ilusión de estar en la misma cuenca que los privilegiados. Hasta que la pandemia eterna los encuentre a la vuelta de la esquina, debido a la muerte o la precariedad de la vida.

 

André Rodrigues y Andrés del Río son politólogos, residen en Río de Janeiro.

Doctores en ciencia política por IESP/UERJ profesores de la UFF.

 

Traducción de: Ana Paula Britto

 

*Este artículo es la traducción de una versión revisada y ampliada de lo que publicamos en: https://aterraeredonda.com.br/pandemia-eterna/

 

Notas:

1https://www.ft.com/content/c08923ca-db0a-4642-8421-5c9410811a43

2https://www.washingtonpost.com/opinions/global-opinions/jair-bolsonaro-risks-lives-by-minimizing-the-coronavirus-pandemic/2020/04/13/6356a9be-7da6-11ea-9040-68981f488eed_story.html

3El 30% es la base de apoyo que el presidente Bolsonaro tuvo de manera sostenida en su primer año y medio en la presidencia, de los cuales el 12% son fanáticos.

4MBEMBE, A. (2019). Necropolitica: Biopoder, soberania, estado de exceção, política da morte. São Paulo, n-1 Edições.

5LÍSIAS, Ricardo. (2020). Diário da catástrofe brasileira: Ano I – O inimaginável foi eleito. Rio de Janeiro; São Paulo: Editora Record.

6https://g1.globo.com/politica/noticia/2020/04/28/e-dai-lamento-quer-que-eu-faca-o-que-diz-bolsonaro-sobre-mortes-por-coronavirus-no-brasil.ghtml

7https://g1.globo.com/politica/noticia/2020/04/20/nao-sou-coveiro-ta-diz-bolsonaro-ao-responder-sobre-mortos-por-coronavirus.ghtml

8https://catracalivre.com.br/cidadania/vamos-tocar-a-vida-diz-bolsonaro-sobre-pais-atingir-100-mil-mortes-por-covid/

9 Trabajamos en el concepto de “ideología miliciana en  https://diplomatique.org.br/estado-miliciano-a-consolidacao-da-ideologia/. Esta categoría también se basa en el debate sobre homicidios que aparece en em RODRIGUES, André. (2017), “Homicídios na Baixada Fluminense: Estado, mercado, criminalidade e poder”. GeoUERJ. Rio de Janeiro: n. 31, pp. 104-127.

10 POE, Edgar Allan. “O homem na multidão”. (edição digital disponível em https://edisciplinas.usp.br/pluginfile.php/2020147/mod_resource/content/1/homem_multidao.pdf)

11 BOURDIEU, Pierre. (2007). A distinção: crítica social do julgamento. São Paulo: Edusp; Porto Alegre, RS: Zouk.

12 MARCUSE, Hebert. (1968). Eros e a civilização: uma análise filosófica do pensamento de Freud. Rio de Janeiro: Zahar.

13 https://oglobo.globo.com/brasil/eu-quero-todo-mundo-armado-disse-bolsonaro-em-cobranca-sergio-moro-24441599

14 BROWN, Wendy. (2019). Nas ruínas do neoliberalismo. São Paulo: Editora Filosófica Politeia.

15 BERARDI, Franco “Bifo”. (2020). “Crónica de la psicodeflación” in AMADEO, Pablo (org.), Sopa de Wuhan. ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio). (edição digital).

16https://istoe.com.br/cidadao-nao-engenheiro-civil-casal-que-atacou-fiscais-no-rio-e-criticado-nas-redes/

17 KAKATANI, Michiko. (2018), A Morte da Verdade. Notas Sobre a Mentira na Era Trump. Rio de Janeiro: Ed. Intrínseca.

18 Arendt, H. (2018). Origens do totalitarismo. São Paulo: Companhia das Letras.

19 https://www.youtube.com/watch?v=E70TwLgfstI

20 AGAMBEN, G.(2015). Meios sem fim: notas sobre a política. Belo Horizonte, Autêntica Editora.

21 Op. cit.

22 Un horizonte que se corresponde con la descripción de Wendy Brown en “En los encuentros del neoliberalismo”, publicado en portugués, en 2019.

23 http://www.ihu.unisinos.br/78-noticias/591102-uberizacao-nos-leva-para-a-servidao-diz-pesquisador

24  https://economia.uol.com.br/noticias/bbc/2020/07/22/as-incertezas-que-rondam-reforma-tributaria-do-governo.htm

25 https://www.cartacapital.com.br/sociedade/presidente-do-santander-sugere-que-funcionarios-cortem-salarios-para-dividir-com-empresa/

26 Op. cit.

27 Morovoz, Evgeny. (2018), Big Tech: a ascensão dos dados e a morte da política. São Paulo: Ubu editora.

28 http://www.ihu.unisinos.br/78-noticias/599292-requiem-para-os-estudantes-artigo-de-giorgio-agamben

29 https://g1.globo.com/pr/parana/economia/noticia/2020/07/16/universidade-positivo-demite-mais-de-50-professores-em-um-dia-e-pode-fechar-cursos-presenciais-de-licenciatura-diz-sindicato.ghtml

30 https://abmes.org.br/arquivos/legislacoes/Portaria-mec-345-2020-03-19.pdf